.::.Obra poética

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.:: He aquí un nuevo día.


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¡He aquí un nuevo día!
Abro los ojos
y las diez mil agujas de pino
se vuelven evidentes.

Colores y formas por doquier.
Oigo el viento,
siento frío,
mis pupilas siguen el vuelo de dos águilas
que se pierden a lo lejos.

Mis pies, ¡qué maravilla!
me llevan de acá para allá
ayudándome a conocer la realidad
desde distintas perspectivas.

Mis manos,
cuya sabiduría admiro, asen útiles diversos
operando en el mundo
una mágica transformación.

Mis brazos, aún jóvenes,
transmiten energía al martillo,
transportan piedras o leña,
se tensan y descargan su furia
a través de la azada
o del pico.
Brazos fuertes
que también saben envolver
el hermoso cuerpo de mi amante.

El corazón se me ensancha a golpe de latidos
cuando asciendo vertientes empinadas.
Se me ensancha tanto
que ya en la cima majestuosa me dice:
“Todo esto eres tú”
señalando los amplios valles
y el cielo que se recorta
en las colinas brumosas.

Y yo me digo:
“¡Cuánto amo este camino!”
Aunque sea abrupto y empinado,
aunque a veces me falte el aliento
y los pulmones se me quieran estallar
de puro cansancio.
¡Cuanto amo este camino!
Amo la visión a la que me conduce,
cien mil veces más valiosa
que el esfuerzo exigido.
Y una vez en ella,
la belleza del olvido
es un bálsamo insuperable
que cura todas las heridas
del cuerpo y del espíritu.

¡He aquí un nuevo día,
he aquí un nuevo regocijo!

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