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  Loteria Nacional.

        La lotería es un juego de azar. Actualmente el dinero se ha convertido en Dios y la lotería en el sampedro que abre las puertas del cielo de la riqueza. Miles de personas imploran cada día al buen humor de sampedro para que les abra las puertas de la fortuna y llegar así a la presencia del dios Dinero. Poco importa la forma que adopten estas oraciones: cupones, quinielas, primitiva... Mucha gente espera la caída de algún premio de la misma forma que el pueblo de Moisés esperaba la caída del maná. La religión actual consiste en creer que el "gordo" nos salvará de todas nuestras miserias. 

        Sin embargo, la vida no es un juego de azar, no es una lotería. La ley de la causa y del efecto rige todos los acontecimientos visibles. Todas las causas tienen sus efectos y todos los efectos tienen sus causas. El estado de felicidad no es un regalo del cielo ni surge como fruto del azar. Es el resultado de una serie de causas. Si plantamos nísperos, cosecharemos nísperos. Si sembramos cardos, cardo será lo que recogeremos. 

        El poder relacionar los efecto con sus causas fue un gran descubrimiento de la inteligencia humana que permitió, por ejemplo, el descubrimiento del fuego y de la agricultura. Esta es la base misma del pensamiento científico y de sus aplicaciones técnicas que tanto está ayudando a elevar nuestra calidad de vida. 

        No obstante, aunque hemos aprendido a aplicar la ley de la causalidad a los fenómenos físicos, no hemos aprendido a aplicarla a los fenómenos internos, mentales o emocionales. Seguimos creyendo que nuestra desgracia o nuestra felicidad dependen de la mala o de la buena "suerte". Creemos que nuestra felicidad o nuestra desgracia es debida a la casualidad. Debido a ello no queremos hacernos responsables del estado existencial que experimentamos. Con lo cual, lo único que podemos esperar es que nos toque la lotería. 

        En el Zen se dice: "Así como la carreta sigue al buey, así como la sombra sigue al cuerpo, así sigue al hombre los efectos de sus pensamientos, palabras y actos".


Dokushô Villalba

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