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  Seguridad ciudadana.

     En este mundo sólo podemos estar seguros de dos cosas. Primera: que vamos a morir. Segunda: que no sabemos ni cuándo, ni dónde, ni cómo. Todo lo demás es incierto. Ninguna compañía de seguros, mutua, cuerpo de policía local o nacional, cuerpo de bomberos, de carabineros o ejército puede aliviarnos esta incertidumbre. Lo que más tememos -nuestra propia muerte o la de nuestros seres queridos- forma parte sustancial de nuestra vida. La llevamos dentro de nuestras propias células. Algunos creen que los gusanos que se meriendan los restos mortales de cualquier mortal, como usted y yo, invaden el fiambre desde fuera. En realidad, las larvas de estos gusanos ya aguardan en el fondo de nuestros intestinos mientras paseamos el palmito por el real de la feria, cuando hacemos el amor la noche de los viernes con nuestra parienta - o con quien sea- o en el momento de firmar esa ilusión de seguro vitalicio que, para mayor inri, nos mutila un ojo de la cara. Hasta el momento, ninguna aseguradora, ningún cuerpo de policía, ningún político ni ningún misil intercontinental puede asegurarnos la inmortalidad. La neurosis de seguridad que sacude nuestra civilización sobrealimentada hasta la náusea, narcotizada por la televisión y los grandes espectáculos de masas y enclaustrada en viviendas acorazadas no es más que puro miedo a la muerte. En Colombia, a los fiambres que los barrenderos encuentran por las mañanas tirados en la calle le llaman «muñecos». Tarde o temprano -aunque no sepamos cuándo, ni dónde ni cómo- todos nosotros terminaremos siendo «muñecos». Poco importa entonces que hayamos sido baleado por un chorizo, sacudido por un infarto o enviado al otro barrio por un fallo médico.

     Todos tenemos derecho a una muerte digna, pero para nuestro orgullo la muerte es siempre indigna y siempre llega antes de tiempo. La única manera de tener una muerte digna es viviendo una vida digna, es decir, una vida sin miedo. Para vivir sin miedo no hay nada como tener la conciencia limpia. Para tener la conciencia limpia no hay nada como hacer siempre el bien a los demás y a uno mismo. Esta es la única seguridad que tenemos.

Dokushô Villalba

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