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  Autocontentamiento.

     Recientes investigaciones científicas sobre los estados meditativos ponen de relieve que durante los estados de meditación profundos el cerebro emite una frecuencia de ondas llamadas theta. Estas ondas reflejan lo que en el zen llamamos estado de profunda quietud, de reposo interno. Estas investigaciones han puesto de relieve que, en estos estados, el cerebro genera una sustancia llamada endorfina. Esta sustancia propicia un estado de placidez y de bienestar. Supone un importante antídoto contra las sensaciones dolorosas. Los efectos de las endorfinas están asociados a estados de profundo autocontentamiento. Estas endorfinas son progresivamente segregadas por el celebro a medida que el sujeto va entrando en un estado cada vez mas profundo de meditación, de abandono y de olvido de sí.

     Esto corrobora la enseñanza de los antiguos maestros que han dicho siempre: «Si lo abandonas todo, lo obtendrás todo». En el zen se enseña a no correr detrás del beneficio. No actúes en pos de un beneficio, sea cual sea. La acción libre es una acción pura en la que no se persigue la obtención de un bienestar. El placer y el contentamiento son encontrados en la acción misma y no en la esperanza de sus resultados. Cuando generamos grandes expectativas y deseos, los resultados de nuestra acción casi nunca alcanzan nuestras expectativas. Por ello, aunque consigamos todo lo que deseamos, no podemos evitar un cierto sentimiento de descontento. Cuando el descontento se acumula día tras día da lugar a la pesadumbre, a la tristeza, a la depresión, a la infelicidad. Por lo general, cuando nos sentimos tristes o desgraciados, cuando sentimos que nos falta algo para ser felices buscamos fuera de nosotros mismos algo que nos haga sentirnos bien. Buscamos un objeto de deseo cuya satisfacción, creemos, nos hará sentirnos bien y satisfechos. Esta forma de pensar es una pura ilusión, un puro espejismo. Ningún objeto, situación o persona pueden generar verdadero contentamiento en nuestra mente. Si nuestra mente tiende a generar descontento, si se halla siempre ávida e inquieta, aunque consiguiéramos todo lo que somos capaces de desear, aun así, no podríamos encontrar la calma y la paz del contentamiento. Debemos comprender que el estado de bienestar, de satisfacción, de autocontentamiento no depende de las circunstancias ni de los objetos ni de las personas externas a nosotros mismos. Debemos comprender claramente que es nuestra propia mente la única que tiene el poder de crear un verdadero estado de contentamiento. 

     Cada uno es responsable de su propia felicidad. Cada uno debemos asumir la responsabilidad de generar la felicidad necesaria para vivir una vida digna de ser humano.

Dokushô Villalba

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