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  Argentina sin plata.

      Argentina, el país de la plata, está sin blanca. Uno de los países más ricos en materia primas, se encuentra en la quiebra total, esquilmado por sus políticos corruptos, por el Fondo Monetario Internacional y por las empresas extranjeras, entre ellas algunas de las grandes españolas.

      Los políticos corruptos, muy numerosos en Argentina, se han cubierto bien sus riñones de oro con sus cuentas cifradas en Maiami, Suiza o algún otro paraíso fiscal. Aunque no vuelvan nunca más al poder, lo cual no es seguro, ya han robado suficiente para ellos, para sus hijos y para los hijos de sus hijos. Por lo que ha ellos respecta, tienen bien protegida la parte de la patria que les corresponde: la suya. Siguiendo las "recomendaciones" del FMI, han vendido a saldo las empresas nacionales y el conjunto del tejido económico del país, al mismo tiempo que las ""comisiones" clandestinas han engordado en dólares sus cánceres bancarios.

      El FMI y el Banco Mundial, haciendo de la usura una virtud, continúan estrangulando cada vez y desangrando las ya desangradas venas abiertas de América Latina. Los cinco pasos de este estrangulamiento son bien conocidos: 1). la Privatización, lo que habría que llamar con más propiedad la "sobornización", mediante la cual el estado argentino ha liquidado alegremente sus empresas de servicios básicos; 2) la liberalización de los mercados de capitales o desregulación financiera que teóricamente quiere decir libertad para que los capitales "entren y salgan" aunque en realidad lo que ha sucedido es que el dinero simplemente "ha salido" vaciando las reservas nacionales en cuestión de días; 3) el tercer paso es la regulación de los precios por el mercado, un eufemismo para que todos los productos básicos suban por las nubes condenando a la pobreza a millones de argentinos. Esto lleva inevitablemente al cuarto paso de la estrategia del FMI: 4) los disturbios sociales. Una vez que Argentina ha caído en desgracia, el FMI se está aprovechando y exprimiendo hasta la última gota de sangre, imponiendo el quinto punto de esta estrategia macabra: el llamado libre comercio y todos los demás principios engañosos de la Organización Mundial del Comercio (OMC): el libre comercio tiene gato encerrado. En realidad, de libre no tiene nada: obliga a los paises endeudados a abrirse a los productos de los países ricos, al mismo tiempo que estos cierran sus puertas a los productos de los países endeudados mediante fuertes medidas proteccionistas.

      Las empresas extranjeras, después de entrar a saco como aves carroñeras y devorar las empresas argentinas, descapitalizadas y vendidas a precio de saldo por el gobierno del mafioso Menem mediante un proceso de privatización impuesto por el FMI, han sacado los beneficios convertidos en dólares sin que sus ganancias hayan repercutido directamente en el bienestar de la población. Las empresas extranjeras dicen que son ellas las que más están perdiendo con esta crisis argentina. Pero este "perder" es un eufemismo cínico. En realidad, quiere decir que están ganando menos que lo que tenían previsto.
Y en medio del saqueo millonario de los políticos, del FMI, del BM y de las multinacionales, el saqueo de los supermercados por parte de la población hambrienta y colérica es poco menos que comprensible. El pueblo hambriento y encolerizado es una ola gigante que, cuando se levanta y brama, ninguna policía ni ejercito es capaz de detener.
Decir "¡qué pena!" es poco. Decir "¡qué rabia!" lo expresa mejor.

      La rabia es lo único que le queda al pueblo llano cuando es vampirizado por estos chupa-sangre que al mismo tiempo que permiten el vuelo de los grandes capitales, impiden a los pequeños ahorradores el acceso al fruto de sus ahorros. Rabia es lo que expresan los corazones, rabia pacífica pero atronadora como un millón de cacerolas retumbando por las avenidas y por las callejuelas de Buenos Aires. La rabia y las cacerolas son las armas de los que no tienen armas para intimidar y favorecer el robo. Cacerolas ante el palacio presidencial (¡Fuera los presidentes corruptos!). Cacerolas ante la Corte Suprema (¡Fuera los jueces adocenados que amparan la corrupción!). Cacerolas ante los Bancos (¡Fuera los usureros que trafican con la miseria!).
Hoy todos somos argentinos. El planeta entero es Argentina. Todos deberíamos abandonar la pasividad del tresillo y la anestesia de la tv y salir a las plazas públicas a gritar nuestra rabia. Un atronador cacerolazo que manifieste nuestra disconformidad con la situación. Un grito unánime: "Es posible otro mundo".

Dokushô Villalba

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