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  Cordero pascual.

      Ya huele a sangre sacrificial en la plaza pública de este pueblo planetario. Tambores de guerra resuenan por las calles y su bramido se extiende más allá de las murallas de los cuarteles. El rito aún no ha comenzado pero los cuchillos están ya afilados, las bayonetas caladas, los misiles desempolvados, prestos al crimen de masas tecnológicamente programado.

      El Dios Único le exigió a Abraham el sacrificio de su propio hijo. Finalmente se conformó con un cordero pascual, un chivo expiatorio. 

      Desde entonces, sus descendientes necesitan realizar un sacrificio de vez en cuando. Los nazis ofrecieron la vida de millones de judíos en el altar del Dios de la Raza Única y Suprema. Los autores de la masacre de las torres gemelas, fanáticos musulmanes, inmolaron la vida de cinco mil "perros infieles" para alimentar la sed de sangre de su Dios Verdadero.

      Hoy, siglo XXI, la fanfarria militar anuncia el enardecimiento y la embriaguez provocada por la sangre sacrificial de los _______ (¿irakíes, iraníes, palestinos?), sangre que no veremos en nuestras televisiones políticamente muy correctas.

      El Dios Uno exige de nuevo el sacrificio del Dos, del Otro, de la alteridad, a fin de que un solo Poder Hegemónico pueda enseñorearse por los cuatro rincones del planeta, manifestación política, económica y militar del Dios Unico.

      El pueblo, esos millones de estadounidenses, de británicos, de franceses, españoles, irakiés, etc. cumple a la perfección su función de mero espectador del espectáculo, polarizado entre sol y sombra, entre a favor y contra, debidamente acordonado por las fuerzas de "seguridad" de los Estados participantes en el escarmiento.

      Hemos descifrado el genoma humano, usamos internet y teléfonos móviles, pusimos el primer ser humano en la Luna, usamos trajes y corbatas impecablemente diseñados, pero parece ser que oculto tras esos logros sigue viviendo un pequeño dios sanguinario al que tenemos que sacrificar un cordero pascual de vez en cuando. Sacrificio con escarnio público para que todos sepan que el Dios Uno no admite la existencia del Dios Dos. Para que todos permanezcan en el temor a la cólera del Único Dios posible.

      Esta vez le ha tocado a (¿Irak, Irán?) ser conducido públicamente a la piedra sacrificial principal. Al mismo tiempo, en el altar secundario, los sacerdotes de otro Dios Único se aprestan para la noche de los cuchillos largos en la que la matanza del pueblo palestino saciará la sed de sangre de otro Dios Verdadero.

      Cuando el espectáculo termine, las televisiones pasarán a otra cosa, los operarios limpiarán con mangueras de petro-dólares la sangre derramada y la concejalía de cultura del Imperio organizará en la misma plaza pública un concierto de rock-and roll en el que cantará "Dios salve a América".

      Y la vida seguirá su latido diario, vigilada de cerca por el Sumo Sacerdote del Dios Uno, a fin de que ningún Dios Dos pueda levantar cabeza. 

      Es triste observar que aún no hemos aprendido a aplacar a nuestros dios sangriento, hecho a imagen y semejanza de nuestro puro deseo de venganza, sin necesidad de sacrificar un chivo expiatorio.

      Cada vez que esto ocurre la Humanidad involuciona a la oscuridad de las cavernas interiores. La única esperanza es que esta involución active por reacción las fuerzas progresistas del planeta. Ojalá que esta guerra no tenga lugar y si lo tiene que sea la última. ¿La última?

      Me acuerdo de la siguiente historia: un brahman, sacerdote hinduista, se acercó cuchillo en mano a una cabra preparada en el altar del sacrificio. La cabra reía. El brahman, extrañado, le preguntó cuál era la razón de su alegría. La cabra le dijo: "Estoy alegre porque sé que esta será mi ultima encarnación animal y que en mi próxima vida seré un ser humano". Acto seguido, la cabra se puso a llorar desconsoladamente. El brahman, sin salir de su asombro, le preguntó cuál era la razón de su tristeza repentina.  La cabra le dijo: "Lloro porque sé que esta será su última encarnación como ser humano y que en la próxima vida renacerá como cabra sacrificial".

      Así es el ciclo de la vida y de la muerte: hoy verdugos, mañana víctimas; hoy víctimas, mañana verdugos. ¿Podremos poner un fin a este círculo de dolor y sufrimiento?

      Está en nuestras manos.

Dokushô Villalba

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