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  El paro.

      El paro es consustancial a la economía capitalista. Ningún país capitalista alcanzará jamás el paro cero. La economía capitalista necesita de esa masa de parados, de esa mano de obra obligada por necesidad a aceptar cualquier trabajo por cualquier salario.

      ¿Qué le dicen los propietarios de El Ejido a los inmigrantes, legales o ilegales? "O aceptas este salario (de miseria) y este trabajo (a destajo) o te largas. Hay cien mil como tú, dispuestos a aceptar estas condiciones". Es lo mismo que han dicho siempre los terratenientes a los jornaleros andaluces. Es lo mismo que le ha dicho siempre, y sigue haciéndolo, el capitalista al obrero.

      Si los planificadores de la macroeconomía quisieran, el paro se acabaría en poco tiempo. Si no lo hacen es porque no quieren, porque no les conviene. Lo único que quieren es seguir acumulando plusvalías, beneficios, dinero y poder.

      El envejecimiento de la población europea es lo que está haciendo descender realmente el índice de parados europeos. En muchos países europeos, entre ellos España, falta mano de obra, especialmente para ciertas tareas cuyas condiciones de trabajo no están dispuestos a aceptar los trabajadores españoles. Pero no importa. Tenemos la mano de obra de los países pobres. El capitalismo se ha globalizado. Esto quiere decir que el capital no discrimina: le da igual explotar a un andaluz, a un magrebí, a un senegalés o a un ecuatoriano. Lo importante es la plusvalía.

      Aunque todos los ciudadanos europeos encontráramos colocación como funcionarios del gobierno central, autonómico, municipal o europeo, siempre estará disponible la ingente mano de obra de esos miserables hambrientos que tratan de sobrevivir colándose por las grietas de los muros tras los cuales trata de protegerse el bienestar europeo.

      Así que una cosa es lo que dicen los políticos en la televisión para consumo del pueblo y otra cosa es lo que realmente hacen cuando planifican la contabilidad de esas fincas privadas en las que se han convertidos los Estados modernos.

      Podemos aceptar ser pobres, pero lo que no podemos aceptar es que nos tomen por tontos.

Dokushô Villalba

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