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  Mataperros.

     ¿A qué especie animal puede pertenecer un bípedo, supuesto homo sapiens, que encuentra placer en la tortura y ejecución por estrangulación o por disparos de los perros que hasta entonces le han servido como fieles animales de presa para la caza? Creo que se trata de una especie inclasificable aunque no hay duda de que no se trata de la especie humana.

     Ningún animal mata por matar, por deseo de venganza, por el placer de purgar el propio sufrimiento en el sufrimiento ajeno. Hay cazadores que, después de una infame jornada de caza, se toman por Julio Cesar y deciden sobre la vida y la muerte de sus perros, para castigarles cuando no han rendido, están viejos o no han corrido lo que ellos esperaban. Algunos cazadores disparan a sus perros menos eficaces, otros los ahorcan ahí mismo, dejándolos colgados de cualquier árbol. ¿Por qué? ¿Qué satisfacción enfermiza se puede encontrar en el asesinato a sangre fría de un animal inocente, mucho más inocente que su amo? ¿Qué infame dolor y tortura inconfesable lleva en su corazón un ser capaz de matar de esa forma?

     Casi todos los países europeos tienen legislación contra la tortura y asesinato de animales. España, no. En España todavía tenemos muchos mataperros, desangragallos, torturadores de toros, novillos y vaquillas y destripadores de cabras. Parece ser que en esta España rojigualda necesitamos seguir haciendo correr la sangre roja que atraviesa nuestra bandera para sentirnos vivos y machos.

     Legislar contra el abuso y el asesinato de animales es imprescindible, pero ello debe ir acompañado de una verdadera educación moral en las escuelas. Desgraciadamente nuestro sistema educativo está diseñado para fabricar ingenieros, arquitectos, diseñadores de moda, informáticos, especialistas en marketing y ventas, etc. más que para formar a seres humanos dotados de conciencia y moralmente maduros. Mientras no aprendamos a respetar la vida de los animales, no podremos respetar tampoco la vida humana, ya que los seres humanos somos animales también. El paso que va del maltrato y el asesinato a un animal al maltrato y asesinato de otros seres humanos es corto. La aberración moral es la misma. Algunos piensan que los animales son seres inferiores a los humanos. Lo mismo pensaban los nazis de los judíos. Lo mismo piensan los judíos de los palestinos. Lo mismo piensan muchos blancos caucasianos de los negros. Lo mismo piensan los machistas dementes de las mujeres. Se creen superiores y por ello se arrogan la justificación moral de maltratar o asesinar a los que consideran inferiores.

     La verdadera superioridad moral sólo puede manifestarse a través de la compasión por el dolor de los demás, a través del reconocimiento del otro y del respeto básico a su derecho a la vida.

     Mientras el gobierno estatal no salga del limbo de la indiferencia, al menos los ayuntamientos deberían crear algún tipo de legislación municipal y, mediante ordenanzas, multar a los que maltratan o asesinan a los animales inocentes, prohibiéndoles además la custodia de otros animales y presentándolos públicamente como ejemplos de barbarie, oscurantismo y enfermedad mental.

     Los animales no nos pertenecen, son seres vivos dotados de dignidad, compañeros de viaje y como a tales deberíamos tratarlos.

Dokushô Villalba

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