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  Sangre por petróleo.

       ¿Cuánta sangre inocente deberá correr antes de que la ambición de poder quede saciada?

       Irak posee la segunda mayor reserva petrolífera del planeta, detrás de Arabia Saudita. Sadam es un dictador que tiraniza y fanatiza a su pueblo, pero no parece que las intenciones de la Administración estadounidense sea la de librar a la humanidad de un tirano. ¿Acaso no apoyó el golpe de Pinochet en Chile, y a los militares argentinos, y a Noriega en Panamá, y Suharto en Indonesia, y a los mismos talibanes en su guerra contra Rusia? ¿Acaso no ha apoyado y sigue apoyando a dictadores golpistas, como el general Musharraf en Pakistán, cuando les conviene a sus intereses? 

       No. La guerra que los USA están preparando y vendiendo a la opinión pública no tiene fines altruistas. El objetivo oculto no es otro que el de apoderarse de las reservas petrolíferas de Irak y asegurarse así el suministro de este llamado oro negro para las próximas décadas, en las que la disminución progresiva de los yacimientos generará en todo el mundo una lucha encarnizada por el control del preciado petróleo.

       Ante la ambición de la única superpotencia mundial, los estados occidentales, como el nuestro, se apuntan a la cruzada camuflada como "antiterrorista" tal vez con la esperanza de conseguir algunos barriles del botín a buen precio.

       No hay piedra, no hay roca, no hay cueva ni gruta en las que nos podamos esconder para ocultar la vergüenza de ser gobernado por agentes de las multinacionales del petróleo.

       ¿Queda algo más que la impotencia y la resignación? ¿Podemos resignarnos a contemplar desde nuestros televisores como la industria armamentista más potente del mundo deja caer sus bombas sobre una población inocente a la que no sólo van a liberar de un dictador indeseable sino también a la que van a robar descaradamente su más valiosa riqueza? ¿Cuánta sangre, cuántas vidas humanas cuesta el petróleo de Irak? ¿Podremos llenar de gasolina los depósitos de nuestros coches sin que ningún temblor nos sacuda la conciencia, sabiendo que la maquinaria de nuestro bienestar está siendo alimentada con la sangre de niños y niñas, de hombres y mujeres, de ancianos y ancianas irakíes? 

       Nuestra forma de vida no es inocente. Nuestro consumo desorbitado de unos carburantes fósiles cuyos yacimientos se están agotando se encuentra en la raíz de la guerra televisada que vamos a contemplar desde nuestros butacones, entre partido de fútbol y partido de fútbol. Por nuestros motores circula la sangre ennegrecida de los millones de niños irakies que han muerto a consecuencia del embargo estadounidense, secundado entre otros por el gobierno español.

       Tenemos la obligación moral de decir NO a esta guerra. ¡No más sangre por petróleo! Los ciudadanos de este país tenemos el deber de lanzar un grito alto y fuerte a este gobierno para que no apoye esa guerra. Nos queda la movilización ciudadana. ¡No llenemos el depósito de nuestros coches con sangre inocente!

Dokushô Villalba

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