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  Terrorismo made in USA.

      En 1984, Warren Anderson, director general de Union Carbide, una multinacional norteamericana de la industria petroquímica, dio deliberadamente la orden de reducir los sistemas de seguridad y de alarma de la factoría de Bophal (India), con el fin de disminuir los costes de producción. Como resultado de su decisión, la fábrica de Bophal dejó escapar 40 toneladas de productos químicos. Una nube de gas letal envolvió la población habitada por miles de seres humanos. Las cifras oficiales dijeron que 2.500 personas murieron asfixiadas inmediatamente después del desastre y unas 8.000 a lo largo de los siguientes tres días. La Campaña Internacional para la Justicia en Bophal estima que alrededor de 20.000 personas murieron a causa del accidente y entre 120.000 y 150.000 han sufrido enfermedades crónicas, incluyendo infecciones respiratorias, desórdenes ginecológicos, cánceres y daños neurológicos.

      En base a estos hechos, el Tribunal Superior de Justicia de Bophal acusó a Anderson de asesinato en 1992 y emitió una orden internacional de arresto. Por supuesto, Anderson se negó a comparecer ante la corte y las distintas administraciones norteamericanas que se han sucedido desde entonces nunca han dado la orden de busca y captura del director general.
Los jefes de planta indios de la factoría fueron arrestados en su momento, juzgados y condenados por "negligencia criminal".

      El caso ha sido reabierto hace poco en India. Por presiones de la administración actual estadounidense, la fiscalía de Bophal está tratando de reducir los cargos. Esta reducción evitaría que Anderson fuera extraditado y juzgado en India. Estados Unidos ha advertido ya al gobierno indio de que las inversiones norteamericanas se verían "afectadas" de forma adversa si un director general de una multinacional estadounidense fuera procesado criminalmente.
Mientras tanto, Warren Anderson sigue viviendo su jubilación dorada en una mansión multimillonaria de Nueva York.

      Se calcula que en los atentados del 11-S murieron unas 3.500 personas. La respuesta de Estados Unidos fue arrasar Afganistán (aún se desconocen el numero de víctimas civiles, secreto militar). Cuando escribo estas líneas, la guerra contra Irak aún no ha comenzado pero ahora que las estás leyendo puede que las armas de destrucción masiva de Bush hayan destruido ya miles de vidas humanas, aunque nunca se sabrá el número exacto (secreto militar).

      ¿Esta es la "justicia infinita" del gobierno norteamericano?

Dokushô Villalba

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