Cuatro elementos © Dokushô Villalba

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La tierra sostiene, la tierra nutre. 
La tierra es generosa como la vida. 
Materia densa, consistente. 
Obvia realidad de lo palpable. 
Madera, piedra, hierro … piel, carne y hueso de la vida.

¡Madre Tierra que das cuerpo a lo invisible! 
Tú contienes los océanos, las rocas, los minerales y los volcanes. 
Tú te envuelves con los vientos polares y las brisas marinas, 
como este cuerpo que encierra médula, sangre, huesos y corazón. ¡Madre Tierra, tú eres mi cuerpo!

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El agua fluye. 
La vida fluye. 
Tras el invierno viene la primavera. 
El hielo se funde y el agua viva corre impetuosa superando todo obstáculo.

El agua es mi sangre.
El agua es el corazón húmedo de la vida. 
Los sentimientos fluyen desde el corazón como agua limpia 
humedeciendo nuestros actos y disolviendo la rigidez de lo enquistado.
Fuentes los ojos, ríos de felicidad las lágrimas manadas desde el manantial secreto del corazón. 
Lágrimas de perdón, de alegría, de tristeza, de pérdidas, de reencuentros. 
Sentimientos vivos de seres vivos que fluyen como el agua.

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El aire se mueve. 
El aire mueve. 
El aire hace que todo se mueva. 
El aire es movimiento. 
El aire es mi aliento.
El aire se mueve en el espacio. 
El espacio es vacío. 
El vacío, quietud.
Hacer sin hacer; 
moverse sin moverse; 
pensar sin pensar; 
hablar desde el silencio. 
Esta es la fuente de la acción adecuada.

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El fuego calienta. 
La vida es calor. 
Fuego es vida. 
Corazón inflamado de poder. 
La fuerza del entusiasmo. 
Todo es posible cuando el fuego purificador del verano consume las últimas oscuridades del invierno.
¡Aquí llega el sol, rey de la luz, maestro de la danza! 
Iluminando formas y colores, irradiando luz y calor 
hasta encender la última célula viva de este corazón henchido de amor y gozo.
Fuego es creación y destrucción. 
Lo nuevo nace, lo viejo muere. 
La llama de la vida continúa danzando sin principio ni fin. 
El fuego es mi espíritu.

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